A mi padre

Dejaron de brotar nítidas las palabras de tu boca,
ya no había fuerza suficiente
en el aire que traspasaba tu garganta.

Ya no dejaban huella tus pasos, 
eran los años apoyados en tu bastón, los que marcaban el rastro.

Tus manos, otrora fuertes y firmes
se rindieron ante los tenaces botones de tu camisa.

¡Qué cruel el tiempo que te arrebató las ganas!

Tú, que tenias tu mente llena de recuerdos
de risas y vida,
de llantos y muerte,
de retos perdidos
y metas ganadas.

Tú, que aprendiste al fin a mirar hacia dentro,
a pedir para ti,
a ser el primero,
fue tu cuerpo y te puso trabas.

¡Maldito vestido de plomo,
cómo costaba arrastrarlo!

Conservabas sin embargo, una clara lucidez.
Nunca perdías, ni doblegabas tu razón.
Te alíaste con el tiempo, 
lo hiciste tuyo
y lo usaste para seguir enseñándonos.

¡Cuánto pudimos aprender de ti!

Descansa ahora en paz y sigue guiándonos, que
nos haces mucha falta.

Hoy, una vez más y
como siempre
celebramos tu nombre y damos gracias por tenerte

Te queremos papá 

18-marzo-2018








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