EL COLLADO DE LA LECHERA
Empezaba a anochecer...Lucía sabía que la vuelta no sería fácil.
Desde hacía ya varios años, cada semana recorría los cinco kilométros que separaban su casa de pastora en el Roble, de su pueblo de acogida.
No echaba de menos su vida en el pueblo, nunca fue demasiado sociable, no tenía muchas amistades,no solía frecuentar los grupos que se conformaban en las puertas de las casas,dónde las mujeres bordaban al fresco de la tarde y contaban los últimos chismes que acontecían en su pequeña comunidad. No se sentía garcieña...Ella había nacido en el cercano Logrosán, y había acomodado su vida a la de su marido,un hombre bueno y huraño,un hombre rudo y trabajador con quien , por intereses económicos (tenía una pequeña haza de tierra)la habían casado sus padres.
Sus vecinas no eran sus amigas de infancia, con quien había vivido todas sus correrías de niñas, como cuando entraron en casa de Luisa y revolvieron las tazas y los platos de la cantarera, o cuando buscaron en el arca de la ropa de Remedios y se pusieron todo lo que encontraron en él,ganándose a pulso las regañinas de sus madres...
Recordaba con tristeza sus años de escuela, su pasión por aprender las lecciones que les daba su maestra, Doña Pepita, siempre con su regordeta cara sonriente, como un pan recién sacado del horno. Cuantas veces se había quedado la última en su clase, esperando la respuesta a alguna impertinente pregunta que su avidez de niña le había empujado a hacer en medio de la lección, provocando las risas tontas de sus compañeras. .Doña Pepita con su cara bonachona, la miraba con paciencia y cariño, para acabar respondiendo: tranquila Lucía, no tendrás que preocuparte por eso...cuando estés casada, tu marido lo resolverá.
Desde hacía ya varios años, cada semana recorría los cinco kilométros que separaban su casa de pastora en el Roble, de su pueblo de acogida.
No echaba de menos su vida en el pueblo, nunca fue demasiado sociable, no tenía muchas amistades,no solía frecuentar los grupos que se conformaban en las puertas de las casas,dónde las mujeres bordaban al fresco de la tarde y contaban los últimos chismes que acontecían en su pequeña comunidad. No se sentía garcieña...Ella había nacido en el cercano Logrosán, y había acomodado su vida a la de su marido,un hombre bueno y huraño,un hombre rudo y trabajador con quien , por intereses económicos (tenía una pequeña haza de tierra)la habían casado sus padres.
Sus vecinas no eran sus amigas de infancia, con quien había vivido todas sus correrías de niñas, como cuando entraron en casa de Luisa y revolvieron las tazas y los platos de la cantarera, o cuando buscaron en el arca de la ropa de Remedios y se pusieron todo lo que encontraron en él,ganándose a pulso las regañinas de sus madres...
Recordaba con tristeza sus años de escuela, su pasión por aprender las lecciones que les daba su maestra, Doña Pepita, siempre con su regordeta cara sonriente, como un pan recién sacado del horno. Cuantas veces se había quedado la última en su clase, esperando la respuesta a alguna impertinente pregunta que su avidez de niña le había empujado a hacer en medio de la lección, provocando las risas tontas de sus compañeras. .Doña Pepita con su cara bonachona, la miraba con paciencia y cariño, para acabar respondiendo: tranquila Lucía, no tendrás que preocuparte por eso...cuando estés casada, tu marido lo resolverá.
Esa era la condición de las mujeres ,condición que ella no entendía.
Le gustaba escribir, leer la cartilla , hacer aquellas complicadas operaciones matemáticas...sumas, restas,algo que nunca había estado al alcance de su madre. ..sin embargo,todo ese conocimiento no serviría para nada, su vida sería igual a la de su progenitora,no habría diferencia...excepto en que ella, ya no se conformaría...
Le gustaba escribir, leer la cartilla , hacer aquellas complicadas operaciones matemáticas...sumas, restas,algo que nunca había estado al alcance de su madre. ..sin embargo,todo ese conocimiento no serviría para nada, su vida sería igual a la de su progenitora,no habría diferencia...excepto en que ella, ya no se conformaría...
Su marido Manuel, o Manolo Borrega como todos le conocían en el pueblo, era un hombre curtido por el trabajo en el campo, un pequeño ganadero que había heredado un trozo de terreno en la finca de El Roble, lo suficientemente grande como para tener el pan asegurado, para él y su familia...una familia que nunca llegaría.
Tras varios años de convivencia marital, se autoconvenció de que su bella mujer,era tan estéril como una oveja horra .
Fué ese un descubrimiento que le amargó el carácter aún más...¿quién heredaría sus posesiones más preciadas, su haza de tierra, sus ovejas, sus cabras,sus pequeños ahorros tras años de sacrifio?No, no había hecho buen negocio...Lucía no era la mujer que él esperaba,siempre con esas historias en la cabeza, con esas preguntas que le sacaban de quicio...¿es que su madre no la había enseñado nada?¿ Acaso no sabía cual era el papel que desempeñaba una mujer como Dios manda?
Aún así, decidió tener paciencia con ella y aguantar sus rarezas,después de todo era una excelente pastora...daba gusto verla ordeñar a las ovejas, las hablaba dulcemente, como quien habla a un niño pequeño,y ellas le correspondían dando más leche ...
No, no había sido buena idea perder tanto tiempo en el camino de vuelta a casa...la noche caería sobre ella antes de tiempo. Conocía el camino ,pero temía la oscuridad que irremediablemente se preveía aquella noche . Una noche oscura,con espesas nubes que tapaban las luminosas estrellas que habitualmente se cernían sobre el cielo.
Había sido una temeridad, pero no era dueña de sus actos.Desde hacía unos meses,ella no era dueña de sus actos.
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No, no había sido buena idea perder tanto tiempo en el camino de vuelta a casa...la noche caería sobre ella antes de tiempo. Conocía el camino ,pero temía la oscuridad que irremediablemente se preveía aquella noche . Una noche oscura,con espesas nubes que tapaban las luminosas estrellas que habitualmente se cernían sobre el cielo.
Había sido una temeridad, pero no era dueña de sus actos.Desde hacía unos meses,ella no era dueña de sus actos.
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-Miguel Solis,para sevirle sra Petra. Soy hijo de Niscasio Solis,el sacristán...
Acababa de llegar a Garciaz, el lugar que le vió nacer hacía casi treinta años.Al entrar en el pueblo desde el camino que lo comunicaba con AldeaCentenera, pasando El Collete, había podido observar la figura majestuosa de su iglesia del siglo XVI ,que se alzaba sobre sus pequeñas casas encaladas,sobre sus huertos de encinas y olivares,sobres sus vecinos alegres y hospitalarios,como sólo sabían serlo los garcieños.
Había empezado tarde sus estudios de bachillerato, de hecho, nunca había pensado en ello, hasta que Don Honorio, el cura de Garciaz, le propuso a su padre, su ingreso en un seminario plasentino.
Le había observado desde niño, correr descalzo entre las reliquias de la maravillosa iglesia donde sus padres ayudaban a las labores propias de los sacristanes, desde la limpieza de la sacristía, hasta la preparación de las ropas y el sustento de Don Honorio.
Había asistido a la escuela donde había estudiado la Cartilla y el Catón y había sobresalido entre sus cerriles compañeros. Este zagal prometía, podía ser perfectamente un siervo del señor. ..y así se lo planteó a su padre. Y así entre los dos decidieron su futuro.
Nada más alejado de la realidad . La vida en el seminario se le antojó dura y desde luego su vocación no era la de vestir hábitos ni sotanas...
Había empezado tarde sus estudios de bachillerato, de hecho, nunca había pensado en ello, hasta que Don Honorio, el cura de Garciaz, le propuso a su padre, su ingreso en un seminario plasentino.
Le había observado desde niño, correr descalzo entre las reliquias de la maravillosa iglesia donde sus padres ayudaban a las labores propias de los sacristanes, desde la limpieza de la sacristía, hasta la preparación de las ropas y el sustento de Don Honorio.
Había asistido a la escuela donde había estudiado la Cartilla y el Catón y había sobresalido entre sus cerriles compañeros. Este zagal prometía, podía ser perfectamente un siervo del señor. ..y así se lo planteó a su padre. Y así entre los dos decidieron su futuro.
Nada más alejado de la realidad . La vida en el seminario se le antojó dura y desde luego su vocación no era la de vestir hábitos ni sotanas...
Lucia bajaba al pueblo semanalmente a vender la leche y los quesos de oveja;montada en su burra Canela , iba de casa en casa buscando a las veceras que esperaban sus encargos,mientras Manuel terminaba de recoger el ganado y encendía la lumbre del hogar.
En el pueblo la esperaba Petra Fernández, la de la fonda de la plaza, donde solian hospedarse los viajeros que iban de paso hacia Berzocana, Cañamero o Guadalupe .No tenía muchos huéspedes, pero los que allí se hospedaban podían contar con un buen desayuno de café con leche de cabra y pringás de aceite de oliva.
Esa tarde estaba recibiendo a otro de sus huéspedes que con una pequeña y desvencijada maleta esperaba pacientemente el visto bueno de la siempre exigente patrona. En aquella casa, no entraba cualquiera.
Doña Petra Fernández, sabía escoger muy bien a sus huéspedes, nada de merchanes, gitanos o quinquis ...sólo gente como Dios manda. Esa era una casa decente...
La casa solariega,heredada de sus padres, era la más hermosa casa de la Plaza de España,donde se encontraba la imponente picota central, el Rollo, símbolo inequívoco de la potestad de Villa que se le había otorgado a los garcieños en época de Felipe II, y del cual ellos se sentían muy orgullosos.
Tras quedarse viuda, y siéndo como era una mujer que no se amilanaba fácilmente,decidió convertir su vivienda en fonda, y así ganarse un pequeño estipendio que la permitiera seguir disfrutando de los pequeños privilegios de los que había disfrutado en su buena época de casada.
Miguel Solis...sí se acordaba de haberle visto jugar en la plaza de niño a los bolindres,al rescate...y luego hacerse un guapo adolescente que ayudaba en las labores de la Iglesia,junto a sus padres.¿ No había ido a estudiar al Seminario?...Buena gente,buena familia...conforme.
-Buenas tardes sra. Petra,con su permiso le dejo los quesos y la leche en el zaguán...queden ustedes con Dios...
Esa tarde estaba recibiendo a otro de sus huéspedes que con una pequeña y desvencijada maleta esperaba pacientemente el visto bueno de la siempre exigente patrona. En aquella casa, no entraba cualquiera.
Doña Petra Fernández, sabía escoger muy bien a sus huéspedes, nada de merchanes, gitanos o quinquis ...sólo gente como Dios manda. Esa era una casa decente...
La casa solariega,heredada de sus padres, era la más hermosa casa de la Plaza de España,donde se encontraba la imponente picota central, el Rollo, símbolo inequívoco de la potestad de Villa que se le había otorgado a los garcieños en época de Felipe II, y del cual ellos se sentían muy orgullosos.
Tras quedarse viuda, y siéndo como era una mujer que no se amilanaba fácilmente,decidió convertir su vivienda en fonda, y así ganarse un pequeño estipendio que la permitiera seguir disfrutando de los pequeños privilegios de los que había disfrutado en su buena época de casada.
Miguel Solis...sí se acordaba de haberle visto jugar en la plaza de niño a los bolindres,al rescate...y luego hacerse un guapo adolescente que ayudaba en las labores de la Iglesia,junto a sus padres.¿ No había ido a estudiar al Seminario?...Buena gente,buena familia...conforme.
-Buenas tardes sra. Petra,con su permiso le dejo los quesos y la leche en el zaguán...queden ustedes con Dios...
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Empezaba a nevar...
Aún quedaba un trecho de camino para llegar a casa. Canela, no respondía hoy a los tirones que le daba Lucía del ronzal, se sentía asustada por aquella tormenta de nieve que las acechaba desde el cielo.
Parecía que todas las fuerzas de la Naturaleza se hubieran compinchado hoy en contra suya. El paisaje se volvía inhóspito por momentos. Los ruidos habituales del campo, se habían apagado. Sólo el ulular del viento colándose entre los robles,se escuchaba a su alrededor.
-Esto no puede continuar Miguel...
Aún sonaban en su cabeza las últimas palabras de aquella tarde.
Lucía quería a Manuel, claro...era su esposo. Habían compartido intimidad desde hacía años. Él no era un hombre romántico , ni ella esperaba que lo fuera. Su matrimonio se había concertado como era habitual y su vida había transcurrido tranquila, sin sobresaltos, sin sorpresas...
Y ahora, sin saber como ni porqué, todo se había trastocado.
Aún sonaban en su cabeza las últimas palabras de aquella tarde.
Lucía quería a Manuel, claro...era su esposo. Habían compartido intimidad desde hacía años. Él no era un hombre romántico , ni ella esperaba que lo fuera. Su matrimonio se había concertado como era habitual y su vida había transcurrido tranquila, sin sobresaltos, sin sorpresas...
Y ahora, sin saber como ni porqué, todo se había trastocado.
Desde aquel primer día en que, por primera vez sus ojos se cruzaron en el umbral de la puerta de la fonda de la sra Petra, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, algo nuevo y desconocido se apoderaba de ella.
¿Cómo había llegado hasta alli? Sumida en una tristeza infinita, recordaba las primeras palabras, torpes al principio y más audaces con el tiempo, que habían cruzado en varias ocasiones. Hasta aquel despertar una mañana, en que su primer pensamiento no fué para sus múltiples quehaceres en la granja, ni para sus habituales historias inventadas que la hacían vivir mil y unas vidas distintas.
Aquella mañana en que su pensamiento se centraba únicamente en aquel hombre que poco a poco había ido minando su ánimo,con sus bellas palabras, con sus furtivos gestos...Miguel, aquel nombre resonaba en su cabeza como una melodía monótona...
Y ahora,después de varios meses, había tomado la decisión. Aquello debía acabar.Sabía que si seguía adelante,tarde o temprano, acabaría cediendo a los requerimientos de aquel hombre, que la amaba en silencio.
Sentía miedo,miedo de verdad...nunca se había aventurado a volver tan tarde, pero era absolutamente necesaria aquella reunión clandestina que habían mantenido en la puerta de la almazara,a las afueras del pueblo, lejos de las miradas de la gente.
Y ahora, sentía miedo...¿qué eran aquellas luces que veía a lo lejos?¿ Sería Manuel en busca suya?
Demasiadas luces...
Canela,nerviosa,más nerviosa que ella se negaba a seguir caminando. Cada vez era más complicado avanzar en la oscuridad de la noche.Y aquella luces que se acercaban...
Lucía empezó a recordar las antiguas oraciones aprendidas desde niña, y confiaba en que alguna de ellas llegara a su destino.
-Dios te salve,María, llena eres de gracia..apiádate de mí.Creo en tí, Dios padre..atiende nuestras súplicas..
No notó el primer envite..sólo una fuerza que la empujaba en la oscuridad. Un golpe seco que la tumbó...y de pronto el aliento pútrido acompañando a aquellos ojos brillantes,que ella había confundido con luces...
Notó el desgarro brutal en su pierna derecha, y unos dientes terribles que laceraban su carne. Aún no lo entendía...lobos!!!
Oyó el aullido de aquellas bestias cuando ya las tenía encima. Vió a Canela,en el suelo..y sobre ella una jauría de perros salvajes..
Sabía que era su fín...
De pronto,y sin saber por dónde un disparo de escopeta...un estruendo que rompió el aire y con él, el aullido feroz de una bestia herida.
Sentía miedo,miedo de verdad...nunca se había aventurado a volver tan tarde, pero era absolutamente necesaria aquella reunión clandestina que habían mantenido en la puerta de la almazara,a las afueras del pueblo, lejos de las miradas de la gente.
Y ahora, sentía miedo...¿qué eran aquellas luces que veía a lo lejos?¿ Sería Manuel en busca suya?
Demasiadas luces...
Canela,nerviosa,más nerviosa que ella se negaba a seguir caminando. Cada vez era más complicado avanzar en la oscuridad de la noche.Y aquella luces que se acercaban...
Lucía empezó a recordar las antiguas oraciones aprendidas desde niña, y confiaba en que alguna de ellas llegara a su destino.
-Dios te salve,María, llena eres de gracia..apiádate de mí.Creo en tí, Dios padre..atiende nuestras súplicas..
No notó el primer envite..sólo una fuerza que la empujaba en la oscuridad. Un golpe seco que la tumbó...y de pronto el aliento pútrido acompañando a aquellos ojos brillantes,que ella había confundido con luces...
Notó el desgarro brutal en su pierna derecha, y unos dientes terribles que laceraban su carne. Aún no lo entendía...lobos!!!
Oyó el aullido de aquellas bestias cuando ya las tenía encima. Vió a Canela,en el suelo..y sobre ella una jauría de perros salvajes..
Sabía que era su fín...
De pronto,y sin saber por dónde un disparo de escopeta...un estruendo que rompió el aire y con él, el aullido feroz de una bestia herida.
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Miguel no daba crédito...no podía ser!!!
Aquella mujer,que le había trastornado el sentido,le rechazaba sin más..sólo por los convencionalismos de aquella sociedad pacata que no consentía la felicidad...Ella lo amaba!!! estaba seguro. Sus ojos no le engañaban.
Pobre Lucía...y pobre de él!Condenados a no poder amarse.No podía consentirlo,haría lo que fuera por conseguir a esa mujer que se había convertido en el fin de todos sus actos.
Había estado con muchas otras,su época de seminarista no se lo había impedido.De una manera u otra, conseguía escaparse del Seminario para disfrutar de aquellos pequeños escarceos amorosos.Pero nunca significaron nada..aquella mujer, sin proponérselo le había robado el corazón. Ya no podría vivir sin ella,sin su dulce forma de hablar,sin el relato de sus historias,sin su sonrisa...
La casa de huéspedes se le quedaba pequeña.
Sin pensarlo dos veces,decidió ir en su busca, sabiendo que estaba en juego su felicidad. Por pura precaución agarró la escopeta de caza que la sra. Petra guardaba en el armero de la sala y que era propiedad de su difunto marido. No tenía permiso, pero ya daría las explicaciones oportunas cuando llegara el momento.
Entró en las cuadras y ensilló el primer jamelgo que encontró. Acto seguido corrió en su busca.
La noche había caído ya cuando después de muchas vueltas se dio cuenta que Lucía no había cogido el camino adecuado...algo había ocurrido lo presentía. Decidido a encontrarla como fuese, tomó el camino que bajaba desde el Mirador dirección Berzocana y Logrosán. Y entonces lo oyó. ..a lo lejos, en aquel collado,los gritos y alaridos que rompían el silencio de la noche. Azuzó al jamelgo y llegó al tiempo de ver aquella horrible escena. Con no poca dificultad disparó el arma y corrió en su auxilio.
Lucía estaba en el suelo blanca, presa del pánico y sobre ella un lobo agonizaba ...
El resto de la manada había corrido diseminada al oír su disparo. Ya habían tenido su festín de sangre y muerte con la pobre Canela.
Sin dudarlo un momento, recogió a Lucia que casi inconsciente se abrazó a él . Cabalgaron durante horas hasta llegar a otras tierras. Allí empezarían de nuevo...
Al día siguiente, la partida de hombres que había salido en su busca, encontró los restos de sangre y huesos de aquella burra y los zapatos de Lucía. ..



¡¡Aiss que liberación¡¡ Un final que saca la sonrisa y no encoge el cuerpo como nos contaban siempre. :) Muy lindo ¡
ResponderEliminarSi podemos elegir. ..final feliz :-)
EliminarDefinitivamente estamos asistiendo al nacimiento de una escritora impresionante. Bonita historia,bien entrelazada, se nota lo mucho que cultivas el arte de la lectura. Nada, me ha encantado, sigue creciendo. Besos
ResponderEliminarGraciass de corazón. ..para escribir primero hay que leer. Un piropo impresionante ese de escritora. Se nota que eres mi amigo.
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