EL BAILAERO DE LAS BRUJAS
I.
Todo se había vuelto gris ,un gris ceniciento y plomizo.La luna mandaba en el cielo.Los enormes pinos,se alzaban esbeltos hacia ese cielo terrible y amenazador.
Noche negra,sin estrellas.Era como si Selene quisiera dejar constancia de quien era la reina de la noche.Sólo ella, blanca y llena, arropada a ratos con su manto de nubes.
El viento, amigo de los árboles, jugaba entre sus ramas produciendo un sonido peculiar, parecido al aullido de un animal.Las ramas le seguían el juego y le respondían con el crepitar de sus hojas.
Aquí y allá, invisibles a primera vista, pequeñas criaturas salían de sus escondites en busca del alimento que la noche les proporcionaba.
En un pequeño claro entre los pinos, alrededor de una pira, danzaban al son de un extraño instrumento musical, un grupo de bellas mujeres ataviadas con raros ropajes de colores. Sus largos cabellos trenzados con flores, despedían un aroma dulce y cálido.
La música, ancestral como el mundo, las envolvía en una danza lenta y sensual, girando y girando sobre sus pies hasta acabar extasiadas en el suelo.
Poco a poco, iban despertando de aquella especie de hipnosis colectiva. Se levantaban despacio, aún somnolientas y exhaustas, y se buscaban entre las sombras de la noche y los reflejos dorados de las llamas.
Una a una iban desapareciendo del claro, hasta llegar de nuevo a sus casas.Volvía el silencio al bosque.
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Todo se había vuelto gris ,un gris ceniciento y plomizo.La luna mandaba en el cielo.Los enormes pinos,se alzaban esbeltos hacia ese cielo terrible y amenazador.
Noche negra,sin estrellas.Era como si Selene quisiera dejar constancia de quien era la reina de la noche.Sólo ella, blanca y llena, arropada a ratos con su manto de nubes.
El viento, amigo de los árboles, jugaba entre sus ramas produciendo un sonido peculiar, parecido al aullido de un animal.Las ramas le seguían el juego y le respondían con el crepitar de sus hojas.
Aquí y allá, invisibles a primera vista, pequeñas criaturas salían de sus escondites en busca del alimento que la noche les proporcionaba.
En un pequeño claro entre los pinos, alrededor de una pira, danzaban al son de un extraño instrumento musical, un grupo de bellas mujeres ataviadas con raros ropajes de colores. Sus largos cabellos trenzados con flores, despedían un aroma dulce y cálido.
La música, ancestral como el mundo, las envolvía en una danza lenta y sensual, girando y girando sobre sus pies hasta acabar extasiadas en el suelo.
Poco a poco, iban despertando de aquella especie de hipnosis colectiva. Se levantaban despacio, aún somnolientas y exhaustas, y se buscaban entre las sombras de la noche y los reflejos dorados de las llamas.
Una a una iban desapareciendo del claro, hasta llegar de nuevo a sus casas.Volvía el silencio al bosque.
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II.
-Más p´arriba Juan, que aquí ya he mirao yo...
-Más p´arriba Juan, que aquí ya he mirao yo...
Habían recorrido kilómetros buscando cualquier producto que la tierra les ofreciera, espárragos, cardillos, setas... Esta era una tierra rica, un hombre podría vivir perfectamente alimentándose sólo de lo que esta tierra le ofrecía. Pasaban por los olivares, por las cercas, buscaban entre los zarzales, en las orillas del rio...y poco a poco iban llenando su desvencijada cesta hecha con mimbres...
Los dos muchachos, Juan y Andrés eran los benjamines de aquella familia compuesta por cinco hermanos.El mayor de ellos trabajaba con su padre en las faenas del campo. Sus dos hermanas se quedaban en casa , ayudando a las labores propias del hogar.
Aquellos dos zagales, no pasaban de los quince años y aunque eran mellizos, no se parecían ni en el aspecto físico ni en el carácter. .
Andrés de buen porte y casi rubio , era tranquilo y reservado. Le costaba entablar conversaciones con las mozas del pueblo, es más, si tenía que dirigirse a alguna de ellas su cara se tornaba roja como una manzana.En cambio Juan, era delgado, moreno, con unos ojos vivos y curiosos como él mismo. Era locuaz y divertido y por esa razón, mucho más popular entre las muchachas que su hermano Andrés.
Esta diferencia de caracteres, no les separaba...más bien al contrario. Se complementaban el uno al otro, y eran como una piña. Siempre juntos desde su concepción, tenían ese vínculo especial que tienen los hermanos que han compartido vientre.Si uno estaba triste o enfermo, le afectaba al otro sin remedio.
Su madre, Catalina, sentía una especial devoción por su par de muchachitos... ¡Cuántas veces el patriarca de la familia se lo había echado en cara a su mujer...!
Esta diferencia de caracteres, no les separaba...más bien al contrario. Se complementaban el uno al otro, y eran como una piña. Siempre juntos desde su concepción, tenían ese vínculo especial que tienen los hermanos que han compartido vientre.Si uno estaba triste o enfermo, le afectaba al otro sin remedio.
Su madre, Catalina, sentía una especial devoción por su par de muchachitos... ¡Cuántas veces el patriarca de la familia se lo había echado en cara a su mujer...!
"Ay Catalina, quectác malcriandu a ectus muchachus.."
Y es que a su edad, su hermano Francisco ya se levantaba a las cinco y se iba con su padre a la labor...pero estos dos zagales, habían cogido a su madre con el pan bajo el brazo.
"Déjaluc, Paco..que aún son chicuc, ya tendrán tiempu de trabajal.."
Ese día andaban rebuscando como siempre...les gustaba salir fuera del pueblo, recorrer los huertos, patear los campos...se sentían felices y libres entre la maravillosa naturaleza del pueblecito que daba entrada a las Villuercas. Y cuando llegaban a casa cargados de todo lo que encontraban por el camino, su madre y sus hermanas les jaleaban contentas por su colaboración a la economía familiar.
-"Madre, esta noche tortilla de espárragus pa cenar.."
Había habido suerte, las lluvias de esa semana, habían sacado a la luz unos hermosos espárragos verdes, legañosos, propios de la zona...
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III
Y es que a su edad, su hermano Francisco ya se levantaba a las cinco y se iba con su padre a la labor...pero estos dos zagales, habían cogido a su madre con el pan bajo el brazo.
"Déjaluc, Paco..que aún son chicuc, ya tendrán tiempu de trabajal.."
Ese día andaban rebuscando como siempre...les gustaba salir fuera del pueblo, recorrer los huertos, patear los campos...se sentían felices y libres entre la maravillosa naturaleza del pueblecito que daba entrada a las Villuercas. Y cuando llegaban a casa cargados de todo lo que encontraban por el camino, su madre y sus hermanas les jaleaban contentas por su colaboración a la economía familiar.
-"Madre, esta noche tortilla de espárragus pa cenar.."
Había habido suerte, las lluvias de esa semana, habían sacado a la luz unos hermosos espárragos verdes, legañosos, propios de la zona...
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III
La luna llena la afectaba irremediablemente. ..como decía su madre, era muy lunera. Pasaba toda la noche en un cansino duermevela y luego se dormía al llegar el día.
-Clara...levántate ya. Tus hermanas ya se han levantado para empezar las faenas. .
Con toda la pesadumbre de su falta de descanso, se levantó y tras un frugal desayuno con leche de cabra y pan se dispuso a ir a su quehacer diario.
Desde que su padre murió hacía ya más de un año, había dejado la escuela y se dedicaba junto con su madre y sus hermanas al cuidado de sus cabras, un pequeño rebaño que les aportaba la leche y los quesos que conformaban su medio de vida.
-Clara...levántate ya. Tus hermanas ya se han levantado para empezar las faenas. .
Con toda la pesadumbre de su falta de descanso, se levantó y tras un frugal desayuno con leche de cabra y pan se dispuso a ir a su quehacer diario.
Desde que su padre murió hacía ya más de un año, había dejado la escuela y se dedicaba junto con su madre y sus hermanas al cuidado de sus cabras, un pequeño rebaño que les aportaba la leche y los quesos que conformaban su medio de vida.
Su trabajo no era difícil, sólo tenía que mover las cabras de una cerca a otra para aprovechar bien el pasto. La faena más dura, la de ordeñar, la realizaban sus hermanas mayores y posteriormente su madre se encargaba de hacer los quesos. Era un trabajo en equipo, en el cuál cada una tenía su parcela de responsabilidad. ..
Le gustaba salir en esta época primaveral, no hacia mucho calor gracias a las lluvias de los últimos días, y precisamente por eso, el campo estaba precioso, repleto de bellas flores y verdes prados.
Aquella mañana, como tantas otras, se dispuso a hacer el recorrido de rigor, despacio, alentando a las cabras que se entretenían saltando por los riscos , buscando las briznas de hierba que les brindaba el campo . Poco a poco el cansancio matutino dió paso a una fervorosa actividad. ..saltaba y corría disfrutando de aquella maravillosa libertad, cantaba las canciones que su madre le había enseñado de niña e imitaba a las artistas que oía en la vieja radio Marconi que había en su casa desde que ella recordara.
Tenía 15 años y una belleza especial; su pelo color rojizo y su carita pecosa le habían jugado malas pasadas desde niña. En la escuela tuvo que soportar con resignación las burlas de sus compañeros por su aspecto. Aquel mote "zanahoria", que una y otra vez usaban contra ella, le hizo sufrir calladamente durante años. Se sentía muy desdichada por la mala suerte que había tenido al sacar aquellos rasgos de su abuela materna, y aunque ella amaba a su abuela y la veía realmente hermosa, no podía soportar su imagen diferente en el espejo.Y¿cómo pudo su madre tener la mala idea de llamarle Clara...?
Fué casi un alivio para ella, cuando su madre decidió que ya era hora de dejar la escuela y ayudar en la casa, después de todo, tampoco seguiría mucho tiempo más, y se había librado de aquel martirio, sólo que...Andrés!!.
Y su cara ya de por si rojiza,se llenaba de más calor, de más color...
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IV
Tenía 15 años y una belleza especial; su pelo color rojizo y su carita pecosa le habían jugado malas pasadas desde niña. En la escuela tuvo que soportar con resignación las burlas de sus compañeros por su aspecto. Aquel mote "zanahoria", que una y otra vez usaban contra ella, le hizo sufrir calladamente durante años. Se sentía muy desdichada por la mala suerte que había tenido al sacar aquellos rasgos de su abuela materna, y aunque ella amaba a su abuela y la veía realmente hermosa, no podía soportar su imagen diferente en el espejo.Y¿cómo pudo su madre tener la mala idea de llamarle Clara...?
Fué casi un alivio para ella, cuando su madre decidió que ya era hora de dejar la escuela y ayudar en la casa, después de todo, tampoco seguiría mucho tiempo más, y se había librado de aquel martirio, sólo que...Andrés!!.
Y su cara ya de por si rojiza,se llenaba de más calor, de más color...
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IV
Ya se habían encendido las luces de las bombillas, que iluminaban tenuemente las calles del pueblo. En la plaza, el Rollo era mudo testigo de los juegos infantiles, del rescate, de la comba, de los bolindres. Las voces de los chicos resonaban alegres y agudas sobre el mudo sonido de las conversaciones de los vecinos, que tras un largo día de trabajo , se sentaban a las puertas de sus casas, a esperar la hora de la cena y el descanso.
El reloj de la iglesia daba solemnemente la hora, que marcaba el regreso de los pequeños a sus casas.
El reloj de la iglesia daba solemnemente la hora, que marcaba el regreso de los pequeños a sus casas.
-Clara!!!Espera un poquino que te acompañamos -casi chilló Juan mientras arrastraba a su hermano tras la muchacha.
Clara,se volvió hacia él, e intentó poner sus mejor sonrisa.
-Gracias chicos, no será necesario.No creo que a mi madre le guste verme llegar a casa escoltada por dos mocetones.
-Somos tus ángeles de la guarda- repuso Juan, que una vez que tomaba una decisión, no había quien le hiciera cambiar de opinión.
-De acuerdo- dijo Clara- pero sólo hasta pasar la Iglesia.
En su fuero interno, agradecía enormemente la idea de no tener que pasar sola por el campanario de la imponente Iglesia del siglo XVI, que a esas horas se alzaba oscura y lúgubre. Los sonidos de las lechuzas y el paloteo de las cigüeñas, no por conocido dejaban de parecerle aterradores.¡Cuántas noches corrió despavorida al escucharlos en plena oscuridad!.
Los tres amigos caminaban despacio, como intentando alargar un poco más el tiempo, sonaban sus pasos en el empedrado, y el alegre parloteo de Juan.
-¡Vamos mañana al " Bailaero de las Brujas"...! Allí nacen buenas setas...
-¡No!-respondió firmemente Andrés- ya sabes que no podemos llegar tan lejos,si no queremos tener problemas con padre.
-¡Vamos Andrés, no seas gallina! Otras veces hemos llegado allí y no pasó nada .Clara, te vienes tú también...
-¿Yo? ¡Tú estas mochales!-rió Clara- Me gustan mucho las setas,pero no me atrevo, si mi madre se entera...
-No tardaremos en volver, te lo prometo-se reafirmó Juan. Clara, dudó unos segundos más, jugó distraidamente con su roja trenza, y al final asintió sonriente
-De acuerdo-dijo Andrés- pero tendremos que volver antes de que oscurezca, ya sabéis lo que se cuenta.
-Nunca he creído esas historias, yo no creo en brujas...son cuentos de los mayores, para evitar que nos alejemos del pueblo.-dijo Juan.
-Yo me llevaré a "Uno" ...mi padre siempre me decía que nunca saliera del pueblo sin mi perro -exclamó Clara,contagiada por la animosidad de su amigo. Miró dulcemente a Andrés, que aún no las tenía todas consigo y se despidió alegremente hasta el día siguiente.
Los chicos corrieron por la cuesta de la iglesia abajo. Andrés había perdido de pronto su temor, la idea de pasar una tarde con Clara le hacía sonreír, mientras caminaban hacia su casa . Dedsde que dejó el colegio, tenía pocas oportunidades de encontrarse con ella, si no era en los juegos de la plaza, y allí, normalmente seguían la norma moral no escrita de "los chicos con los chicos y las chicas con las chicas".
Quizás mañana en aquel precioso pinar tuviera oportunidad de acercarse a ella, coger su mano y confesarle su amor.
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V
Clara,se volvió hacia él, e intentó poner sus mejor sonrisa.
-Gracias chicos, no será necesario.No creo que a mi madre le guste verme llegar a casa escoltada por dos mocetones.
-Somos tus ángeles de la guarda- repuso Juan, que una vez que tomaba una decisión, no había quien le hiciera cambiar de opinión.
-De acuerdo- dijo Clara- pero sólo hasta pasar la Iglesia.
En su fuero interno, agradecía enormemente la idea de no tener que pasar sola por el campanario de la imponente Iglesia del siglo XVI, que a esas horas se alzaba oscura y lúgubre. Los sonidos de las lechuzas y el paloteo de las cigüeñas, no por conocido dejaban de parecerle aterradores.¡Cuántas noches corrió despavorida al escucharlos en plena oscuridad!.
Los tres amigos caminaban despacio, como intentando alargar un poco más el tiempo, sonaban sus pasos en el empedrado, y el alegre parloteo de Juan.
-¡Vamos mañana al " Bailaero de las Brujas"...! Allí nacen buenas setas...
-¡No!-respondió firmemente Andrés- ya sabes que no podemos llegar tan lejos,si no queremos tener problemas con padre.
-¡Vamos Andrés, no seas gallina! Otras veces hemos llegado allí y no pasó nada .Clara, te vienes tú también...
-¿Yo? ¡Tú estas mochales!-rió Clara- Me gustan mucho las setas,pero no me atrevo, si mi madre se entera...
-No tardaremos en volver, te lo prometo-se reafirmó Juan. Clara, dudó unos segundos más, jugó distraidamente con su roja trenza, y al final asintió sonriente
-De acuerdo-dijo Andrés- pero tendremos que volver antes de que oscurezca, ya sabéis lo que se cuenta.
-Nunca he creído esas historias, yo no creo en brujas...son cuentos de los mayores, para evitar que nos alejemos del pueblo.-dijo Juan.
-Yo me llevaré a "Uno" ...mi padre siempre me decía que nunca saliera del pueblo sin mi perro -exclamó Clara,contagiada por la animosidad de su amigo. Miró dulcemente a Andrés, que aún no las tenía todas consigo y se despidió alegremente hasta el día siguiente.
Los chicos corrieron por la cuesta de la iglesia abajo. Andrés había perdido de pronto su temor, la idea de pasar una tarde con Clara le hacía sonreír, mientras caminaban hacia su casa . Dedsde que dejó el colegio, tenía pocas oportunidades de encontrarse con ella, si no era en los juegos de la plaza, y allí, normalmente seguían la norma moral no escrita de "los chicos con los chicos y las chicas con las chicas".
Quizás mañana en aquel precioso pinar tuviera oportunidad de acercarse a ella, coger su mano y confesarle su amor.
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V
-¡Claraaa!,¡Claraa! ¿dónde te has metido? Deja ya la broma, se está haciendo tarde...
Los dos muchachos avanzaban despacio por aquel espeso bosque, portando en sus cestas los preciados hongos que habían ido a buscar. Grandes y oscuros "boletus", abundantes y anaranjados níscalos que formarían parte de los guisos maternos, y aquel perfecto "huevo de rey" .
Sin embargo, la dicha de la recolección se había truncado con la desaparición de Clara, ya llevaban más de un cuarto de hora sin saber de ella, ni de su perro. Empezaban a ponerse nerviosos de verdad.
-¡Claraaaa!, por favor, responde-gritaba angustiado Andrés- No sé cómo pude hacerte caso, Juan. Esto es culpa tuya. Tú y tus ideas de llegar hasta aquí.
-No digas tonterías...no es culpa mía. ¿A quién se le ocurre correr detrás de un perro?
Empezaba a anochecer...sólo aquella inmensa luna, alumbraba sus pasos. Poco a poco se fueron internando en el pinar, sin dejar de vociferar.
Un poco más adentro, en la espesura del bosque, Clara, se sentía mareada y confusa. ¿Dónde estaba?¿qué era ese sonido que la envolvía y ese olor dulce y embriagante? "Uno" su fiel labrador, caminaba jadeante a su lado y sentía la inquietud de su dueña.
Justo en un claro frente a ella, un grupo de bellas mujeres formaban un corro alrededor de una hoguera. Pudo contar hasta doce, y al llegar a la trece su corazón dio un vuelco. Allí mismo, sobre una pequeña piedra plana, se encontraba un rostro familiar y querido, ondeando al viento su bella cabellera roja y aquella sonrisa amable que ella tan bien conocía.
Sin salir de su asombro, avanzó hipnotizada hacia su abuela que la recibió sin sorpresa.
-Te esperaba, Clara-dijo casi cantando la mujer que no aparentaba más de cincuenta años- Llevo mucho tiempo esperándote.
-Abuela ¿estoy soñando? -dijo Clara.
-Tranquila, niña mía, es un sueño al que te acostumbrarás. Siéntate aquí a mi lado, tengo que contarte una historia que debes guardar dentro de tí.
Clara, sin saber muy bien como, se sentó y acomodó a su perro en su regazo. No tenía miedo, la dulce sonrisa de su abuela la tranquilizaba...
-Hace muchos años ya- comenzó a hablar la mujer- más años de los que nadie del pueblo pueda recordar, los hombres teníamos un don especial que nos fue otorgado por nuestra Madre Tierra.Vivíamos en comunión con la Naturaleza, la entendíamos y venerábamos. Ella nos ofrecía sus frutos y bondades y nosotros la respetábamos...Este echo, conocido y asimilado por todos, fue poco a poco perdiéndose, hasta el punto de llegar a olvidar el sagrado vínculo que nos unía a ella.
Los dos muchachos avanzaban despacio por aquel espeso bosque, portando en sus cestas los preciados hongos que habían ido a buscar. Grandes y oscuros "boletus", abundantes y anaranjados níscalos que formarían parte de los guisos maternos, y aquel perfecto "huevo de rey" .
Sin embargo, la dicha de la recolección se había truncado con la desaparición de Clara, ya llevaban más de un cuarto de hora sin saber de ella, ni de su perro. Empezaban a ponerse nerviosos de verdad.
-¡Claraaaa!, por favor, responde-gritaba angustiado Andrés- No sé cómo pude hacerte caso, Juan. Esto es culpa tuya. Tú y tus ideas de llegar hasta aquí.
-No digas tonterías...no es culpa mía. ¿A quién se le ocurre correr detrás de un perro?
Empezaba a anochecer...sólo aquella inmensa luna, alumbraba sus pasos. Poco a poco se fueron internando en el pinar, sin dejar de vociferar.
Un poco más adentro, en la espesura del bosque, Clara, se sentía mareada y confusa. ¿Dónde estaba?¿qué era ese sonido que la envolvía y ese olor dulce y embriagante? "Uno" su fiel labrador, caminaba jadeante a su lado y sentía la inquietud de su dueña.
Justo en un claro frente a ella, un grupo de bellas mujeres formaban un corro alrededor de una hoguera. Pudo contar hasta doce, y al llegar a la trece su corazón dio un vuelco. Allí mismo, sobre una pequeña piedra plana, se encontraba un rostro familiar y querido, ondeando al viento su bella cabellera roja y aquella sonrisa amable que ella tan bien conocía.
Sin salir de su asombro, avanzó hipnotizada hacia su abuela que la recibió sin sorpresa.
-Te esperaba, Clara-dijo casi cantando la mujer que no aparentaba más de cincuenta años- Llevo mucho tiempo esperándote.
-Abuela ¿estoy soñando? -dijo Clara.
-Tranquila, niña mía, es un sueño al que te acostumbrarás. Siéntate aquí a mi lado, tengo que contarte una historia que debes guardar dentro de tí.
Clara, sin saber muy bien como, se sentó y acomodó a su perro en su regazo. No tenía miedo, la dulce sonrisa de su abuela la tranquilizaba...
-Hace muchos años ya- comenzó a hablar la mujer- más años de los que nadie del pueblo pueda recordar, los hombres teníamos un don especial que nos fue otorgado por nuestra Madre Tierra.Vivíamos en comunión con la Naturaleza, la entendíamos y venerábamos. Ella nos ofrecía sus frutos y bondades y nosotros la respetábamos...Este echo, conocido y asimilado por todos, fue poco a poco perdiéndose, hasta el punto de llegar a olvidar el sagrado vínculo que nos unía a ella.
Los hombres, en su soberbia, agredían continuamente su entorno y fueron perdiendo privilegios y sabiduría...
Por fortuna, algunas mujeres pudimos conservar ese preciado don a lo largo de los años, transmitiendo nuestro saber de generación en generación.Tú, Clara, perteneces a esa estirpe de mujeres elegidas para seguir esa estela de sabiduría y bondad.Igual que yo hoy lo hago contigo, algún día, tú serás la encargada de perpetuar en tus descendientes este saber.
Mientras tanto, junto a nosotras, aprenderás el secreto de las plantas y las fuerzas de la Naturaleza...
Por fortuna, algunas mujeres pudimos conservar ese preciado don a lo largo de los años, transmitiendo nuestro saber de generación en generación.Tú, Clara, perteneces a esa estirpe de mujeres elegidas para seguir esa estela de sabiduría y bondad.Igual que yo hoy lo hago contigo, algún día, tú serás la encargada de perpetuar en tus descendientes este saber.
Mientras tanto, junto a nosotras, aprenderás el secreto de las plantas y las fuerzas de la Naturaleza...
Las palabras de la mujer sonaban a música en los oídos de Clara. Sus ojos, poco a poco fueron cediendo al sonido envolvente de la voz de su abuela, y cayó en un profundo sueño.
-¡Claraaa!¿Estas bien?- la voz de Juan, le sacó de su letargo.
-¿Dónde están?¡Abuela...! - balbuceó Clara, mirando a su alrededor sin encontrar ni rastro de su abuela y las extrañas mujeres...
"Uno", sentado a su lado, le lamió la cara y movió contento el rabo .
Sudaba y sentía escalofríos, y tenía sobre ella restos de vómitos.
-Llevadme a casa, no me encuentro bien- dijo Clara con voz pesada.
-¿Has comido setas? -preguntó Andrés, adivinando...
-Sólo una pequeñita, sentí hambre y olía tan bien... -respondió .
Los tres chicos pusieron rumbo al pueblo, acompañados del perro. Caminaban en silencio y cabizbajos, sabían que les caería una buena reprimenda, pero ya sólo deseaban llegar a casa para descansar de aquella aventura.
En el bosque de pinos, sólo el reflejo de la luna iluminando el claro, dejaba constancia de aquella noche mágica...






Me pido ser Clara... por ser elegida entre las brujas, por chispoletilla, pícara, aventurera y a la vez respetuosa y sobre todo....¡¡Por que es pelirroja y tiene uno de mis nombres favoritos¡¡ je je
ResponderEliminarMe ha gustado muchísimo, no demores tanto en nueva publicación eh?
Gracias flor,lo intentaré...yo también me siento bien cuando escribo,sólo que no siempre sale tan pronto como yo deseo,que te voy acontar a ti...
ResponderEliminarPor fín he tenido tiempo de leerlo y Fernando de escucharlo y la verdad nos ha sabido a poco...habrá segunda entrega?
ResponderEliminarBueno,nunca se sabe,Rosi...en principio formará parte de la serie de relatos relativos a nuestra comarca,pero ya sabes que hay veces que los personajes cobran vida y se revelan contra el autor.Gracias a los dos por dedicarme un ratito...
ResponderEliminarMe ha encantado :) Me he sentido cercana a Clara y me gustaría conocerla mas. También me han gustado los personajes de los nenes. A ver si en el 2017 te vuelve a visitar. Sigue escribiendo. Ya sabes lo que dice Santiago. Solo 10 minutos al día. Yo lo hago todos los día a ver si seguimos así. xx
ResponderEliminarGracias Karuna, Clara y los chicos llevan varios días dándome guerra, éste texto , lo he tratado como primer pensamiento y sigo trabajando. Ya lo verás. Gracias de nuevo
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