Acerca de la Navidad
Entra diciembre.
El último mes del año llega cansado después de trescientos treinta y tres
días de camino.
Viene con su capa blanca, esa que guarda para las grandes ocasiones.
La ciudad está ya lista para recibirlo y ha llenado sus calles de
brillantes luces, que forman estrellas y guirnaldas.
Los habitantes recorren las aceras, cargando sus bolsas en manos
enguantadas. Sus risueñas voces atraviesan las bufandas dejando un surco
de vaho blanco en el aire.
Quedan pocos días para Navidad y no pueden faltar los regalos debajo del
árbol, las mesas con coloridos manteles, y las ricas viandas de la cena de
Nochebuena.
Desde la ventana de mi apartamento, observo los copos de nieve que van
cayendo lentamente de un cielo gris, cubriendo las copas de los árboles y los
tejados.
Los villancicos invaden estos días la calle y traen a mí, el
recuerdo de otras Navidades.
Días en los que las familias se
juntaban frente al televisor y los niños cantaban con sus panderetas ante el Portal de Belén, para después asaltar a los vecinos pidiendo el aguinaldo.
La zambomba, el almirez de bronce
amarillo y la botella de anís "El mono" eran improvisados
instrumentos sobre los que se descargaba todo el virtuosismo musical provocado
por alguna copita de cava.
Noches de Misa del Gallo y de campanadas desde el reloj más conocido de España.
Uvas que se adelantaban en los cuartos, y besos y abrazos.
No conocíamos el Black Friday, no mandábamos WhatsApp, escribíamos postales y
llamábamos a los amigos unas horas antes de la media noche para no colapsar las
líneas de teléfono.
Desde la cocina, el sonido de la cafetera me saca del recuerdo, que
despierta en mí una sonrisa.
Vendrán nuevas fiestas, diferentes pero, igualmente impregnadas con ese
sentimiento especial que llamamos Espíritu Navideño.


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