UNA HISTORIA PARA MARINA. (Finalista en el XXXIV Certamen literario Manuel Vázquez Montalbán de San Fernando de Henares)


            

I-EL RETO

           Las palabras de la Srta. Alejandrina llegaron a mi mente y tuve la confianza de que acudirían en mi ayuda.
—Lo más importante es el trabajo en equipo—había dicho.
¿Cómo demonios me habían convencido para cometer tamaña estupidez? Tenía ganas de gritar y pedir socorro a voz en grito, pero el miedo a que alguien, que no fuera las “Afroditas rosas” me encontrara agazapada en aquel cuartucho, me hizo contenerme.
………………………..

            —” Afroditas rosas”—había exclamado jubilosa “la Yoli”.
Aquello sonaba a niñas de los cómics de “Esther”, personaje femenino de los años 70, que nos encandilaba con sus aventuras para conquistar a su “Juanito”. Y todas asentimos sabiendo que no había posibilidad de cambio.
            Yolanda Ortega, hija de los Ortega de toda la vida, era digna descendiente de su padre, de sus tíos y de su abuelo, un hombre que según se rumoreaba, con un golpe de suerte y mucho trabajo había levantado su imperio.
“Construcciones Ortega e hijos, S.L.”
 Éramos conscientes de que, lo que dijera “la Yoli”, iba a misa. Terca y enfadica, pero, sobre todo, poseedora de un pequeño local que había servido como almacén tiempos atrás y que era propiedad de sus padres, y que nosotras usábamos como sede de nuestros juegos. Así que, todas estuvimos de acuerdo en que aquel sería nuestro nombre secreto, nuestro nombre de aventureras.
Éramos un grupo de niñas de una barriada en una ciudad, que empezaba a crecer, gracias a la incipiente industria del transporte. La mayoría de nuestras familias provenían de otras tierras y, habían llegado aquí en los años de las migraciones masivas de los pueblos hacia las ciudades, buscando un futuro mejor.
Cursábamos 6º de primaria en un colegio “de los nacionales”, donde aún había separación de aulas por sexos y en las que los chicos hacían deporte y nosotras dábamos clases de Hogar. Unos y otros empezábamos a descubrir el mundo, y fantaseábamos con todo tipo de aventuras.
            Todo empezó de la manera más trivial, con aquella tarea de nuestra maestra, la “sita” Alejandrina, que daba paso a las vacaciones de Semana Santa.
—Sed creativas—había dicho. —Dejo a vuestra imaginación el proyecto. Pero, sobre todo, colaborad unas con otras y trabajad en equipo
Hubo diferentes propuestas, hasta que al final Paula propuso una, que fue acogida con júbilo por todas. Ella era la empollona de la clase. Memorizaba sin dificultad las lecciones y siempre obtenía buenas calificaciones. Llevaba un aparato en sus piernas torcidas, pero tenía una cabeza brillante y siempre estaba dispuesta a ayudar.
 Paula hubiera sido blanco fácil de las burlas del grupo, sin embargo, aquella capacidad intelectual suya nos favorecía, y gracias a ella sacamos adelante más de una lección.
—Podríamos escribir un cuento—nos dijo. —Cada día, una de nosotras escribirá una parte del mismo en un cuaderno, que pasará a manos de la siguiente y ésta tendrá que seguir la historia donde se quedó, hasta completarla.
—¡Qué buena idea! ¿Puedo empezar yo? —dijo la dulce Isabel.
Isabel era una niña de cabello rubio y ojos azules, bonita a rabiar. Ella era como un ángel...aunque solo en su apariencia física. Aquella muñequita de porcelana escondía un carácter endiablado.
            —¡De eso ni hablar! —protestó la siempre luchadora Pilar—Lo echaremos a suerte.
María Pilar Pardo era de todas nosotras la más intrépida. Era la mayor de tres hermanos y sus padres eran dos intelectuales, a los que todos mirábamos con curiosidad. Su familia pasaba los domingos en casa, jugando a las damas, leyendo y escuchando música clásica.
Mi familia y yo, en cambio nos íbamos al campo, comíamos tortilla de patatas y escuchábamos “Carrusel deportivo” en la radio de mi padre…
 El método para decidir quién empezaría a escribir la historia consistiría como siempre, en poner papelitos enumerados dentro de un vaso, e ir sacándolos alternativamente. La posición la daba el número que cogieses. No tuve suerte, cogí el CINCO.

            Ahora, desde mi escondite, a solas y muerta de miedo recordaba el momento con la misma aflicción. Pensaba en mi mala suerte, y en que ésta era la culpable de que yo estuviera en esta situación. Si yo hubiera empezado la historia, todo habría sido diferente.
Cerré los ojos e intenté mantener la calma.
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ll-LA HISTORIA

            Era lunes y habíamos quedado en nuestra sede para jugar al parchís, y leer el comienzo de la historia, que había estado en manos de Yoli ya que, ella había sido la afortunada. Ella siempre tenía suerte, pensé...
            —Vamos, enséñanos lo que has escrito—dijo impaciente Paula, que debía seguir la narración.
            —Os encantará—exclamó, entusiasmada Yoli.
            Su historia transcurría en una casa abandonada y tenía una protagonista femenina que se enfrentaba sin miedo a diferentes fantasmas. Todas jaleamos encantadas la idea de Yoli, y empezamos a pensar en las diferentes pruebas a las que se enfrentaría nuestra nueva heroína.
De pronto a Pilar se le ocurrió la gran idea de la tarde.
—¿Os imagináis vivir todas esas aventuras? Yo creo que podría ser como ella, a mí no me dan miedo los fantasmas ni todas esas patrañas—dijo envalentonándose. —¿Os atrevéis a jugar a la Ouija? Podemos usar el tablero del parchís.
Todas nos miramos asombradas por el reto que nos proponía.
            —¡Por supuesto que no! —exclamé asustada—¿Te has vuelto loca?
            —Vamos, no seas miedica—me respondió burlona.
            Por un momento, vi las caras divertidas de mis amigas y pensé si yo era la única cuerda en esa tropa. Como si la invitación hubiera sido para tomar la merienda, una por una se fueron sentando alrededor de una mesa, dispuestas a invocar a los espíritus.
            —Vamos Marina, creo que si no participas es porque quizás no deberías ser una “Afrodita rosa”—me espetó a la cara Isabel con su sonrisilla maliciosa.
            Tragué saliva y me senté a la mesa con aquel grupo de niñas descerebradas. Apagamos la luz y nos cogimos de las manos. Pasaron unos minutos que a mí se me antojaron eternos, pero no ocurrió nada, por más que nuestra valiente médium hiciera su invocación una y otra vez. Lo cual fue un alivio para mí.
            Tras el desencanto que siguió a la sesión, nos dispusimos a volver a casa y quedamos en vernos de nuevo al día siguiente.
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            Empezaba a sentir mucho frío en aquel cuartucho, el sol se estaba escondiendo y yo seguía esperando a que vinieran a rescatarme. ¿Se habrían olvidado de mí? Guardaba la esperanza de que no. Volví a cerrar los ojos y mi mente volvió a nuestro cuartel general.
………………………..

Llegamos puntuales a nuestra cita, para encontrarnos con una Yoli, pálida y con ojeras. No era raro en ella, que se enfermaba con frecuencia.
            —Pasad, pasad, tengo algo que contaros—nos dijo impaciente. —Cuando os fuisteis ayer, me quedé un momento recogiendo todo por si mi madre se asomaba por aquí. Dejé todo perfectamente ordenado, pero cuando he vuelto hoy mirad lo que me he encontrado—dijo apuntando al interior de la habitación.
            Nos quedamos impactadas cuando reconocimos nuestro tablero y el vaso con el que habíamos jugado el día anterior, hechos trizas sobre el suelo. Ninguna era capaz de articular palabra.
            —Lo habrá tirado el viento—dijo Isabel casi desde la puerta. —No le deis importancia a algo que no la tiene.
            —Tienes razón—dijo Pilar aguantando el tipo. —Paula, léenos tu fragmento de historia, estoy impaciente.
            Recogimos los restos de vaso y el tablero que estaban sobre el suelo, y nos dispusimos de nuevo alrededor de la mesa para escuchar el relato de Paula.
            Nuestra heroína seguía enfrentándose a todo tipo de situaciones peligrosas. De nuevo fuerzas misteriosas la acechaban, pero ella conseguía salir airosa del peligro.
            Paula era una gran narradora y había dejado el listón muy alto. Todas aplaudimos su relato y Pilar, impaciente por seguir se levantó y se fue, citándonos de nuevo para el día siguiente. No teníamos idea de lo que nos esperaba…
Volvimos al día siguiente a nuestro escondite, todas estábamos ansiosas por conocer cómo seguiría la historia de nuestra heroína en manos de Pilar. Sin embargo, Paula no llegaba. Era extraño, ya que ella conocía sus limitaciones y siempre salía de casa con tiempo para llegar puntualmente.
Al cabo de diez minutos, ya estábamos impacientes, así que Isabel y yo decidimos ir a buscarla a casa. La madre de Paula nos abrió la puerta con cara de sorpresa.
—¡Hola chicas! ¿Qué hacéis aquí? Paula hace rato que salió…
Nos miramos confusas.
—Vaya, creí que habíamos quedado para salir juntas—mentí, adelantándome a su preocupación—Adiós, Sra. María, vamos a buscarla.
Corrimos hacia nuestra sede donde encontramos a Paula que llegaba.
—¿Dónde te has metido? —le increpó Isabel.
—Lo siento chicas, he tenido un problema—dijo entrando en el local. —He salido hace un buen rato hacia aquí, pero al pasar por el parque, he encontrado una cartera pequeña con fotografías y papeles. Estaba buscando a ver si encontraba alguna documentación y de pronto apareció un hombre alto y delgado y me dio un susto de muerte. Se enfadó mucho porque yo había revisado el interior. Por la forma en que me la arrebató creo que escondía algo que no quería que yo viese.
—¿Un hombre del barrio? —preguntamos
—No, no le había visto en mi vida. Tenía un aspecto muy extraño—continuó. El caso es que yo no estaba muy convencida y decidí ver hacía donde iba. Le seguí con la vista durante unos minutos y lo vi entrar en la taberna de Lucas. Al cabo de unos minutos, salió y ya le perdí de vista.
—Vamos chicas, olvidemos este asunto. Aún no hemos leído mi parte de la historia—dijo Pilar, inquieta. Y comenzó su relato…
Nuestra protagonista se estaba convirtiendo poco a poco en una Superwoman, se enfrentaba valiente y decidida a mil peligros y salía airosa de todos. Cada una de nosotras iba aportando al personaje una cualidad y nos sentíamos orgullosas de ella.
Paula y yo hicimos el camino de vuelta juntas, charlando alegremente. Al llegar a su portal nos despedimos y seguí sola el camino de mi casa.
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Sola, así me encontraba yo ahora. Me incorporé de mi escondite e intenté mirar a través de los ventanucos sucios de aquella habitación. Nada, sólo los espectrales cipreses que me asustaron aún más. En mi fuero interno rezaba para que aquella odiosa aventura acabara bien. No las tenía todas conmigo. 
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No nos dio tiempo a esperar a la tarde. Por la mañana saltó la alarma. Pilar nos requería con urgencia para contarnos algo asombroso.
Todas corrimos a su encuentro. Isabel protestaba por la prisa ya que estaba enfrascada en su relato. Pilar, misteriosa, nos hizo entrar deprisa y comenzó a hablar precipitadamente.

—Algo está ocurriendo con nuestra historia—nos espetó—Anoche cuando salimos de aquí, me entretuve comprando un TBO en el quiosco del sr. Leopoldo. Había un hombre comprando cigarrillos. Era un tipo alto y delgado y llevaba un abrigo negro y una gorra.
 —¡El hombre del parque! —exclamó Paula
—Cuando acabó su compra hizo ademán de irse, pero debió de quedarse escondido porque vi cómo me seguía—continuó Pilar—Corrí despavorida hacia casa y por fin pude darle esquinazo.
—¿Estás segura de eso? ¿Y qué tiene que ver con nuestra historia? —preguntó asustada Isabel
—¿Os dais cuenta de que desde que empezamos a escribirla, a cada una de nosotras nos ha ocurrido algo raro? Bien, tengo un plan para desenmascarar a ese tipo—casi susurró Pilar.
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            Y aquí estaba yo ahora, esperando a que su plan funcionase. ¿Cómo pude ser tan estúpida para aceptar esta propuesta?
—Después de todo, tú aún no ha escrito tu parte de la historia—me dijeron eres la indicada.

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III-EL PLAN

Nos volvimos a encontrar aquella tarde. Como de costumbre Isabel leyó su parte del relato poniendo a nuestro personaje en todo tipo de situaciones. De todas salió airosa.
—Y ahora ¿qué? —preguntó—¿cómo sabré que no corro peligro, al igual que vosotras?
—Te acompañaremos todas a casa—dijo Pilar—debes estar tranquila. Marina, nos seguirá a distancia y vigilará si alguien nos sigue.
Yo no estaba muy segura de saber qué hacer en caso de encontrarme frente a frente con quienquiera que fuese, pero no dije nada por no parecer de nuevo una miedica. Es más, ni siquiera sabía si sabría reconocer al sospechoso. Tragué saliva y asentí al razonamiento de Pilar.
¡Menudo plan! Seguir a un posible delincuente hasta su guarida. Ni que yo fuera Sherlock Holmes.
Salieron todas, tal y como habían dicho que harían. Yo esperé unos minutos hasta que dieron la vuelta a la manzana. Y entonces lo vi.
El hombre misterioso del abrigo negro y la gorra, tal y como había dicho Pilar. En ese momento pensé en avisar a alguno de nuestros padres, pero ¿qué iba a decirles? Solo teníamos la sospecha de que nos espiaba. No era suficiente.
De pronto aquel hombre cambió el rumbo. Sin pensarlo siquiera, lo seguí. No podía dejar el plan a medias. No volverían a dudar de mi valentía.
Cruzamos nuestro barrio, y cuando quise reaccionar ya estábamos a las puertas del cementerio. No pude darme la vuelta sin que me descubriera. Me escondí como pude detrás de una pila de trastos que se amontonaban a la entrada.
El hombre misterioso entró en el cuartucho de los aperos y cogió un saco y una pala. A continuación, se dirigió hacia una zona que quedaba fuera de mi visión. En un acto temerario por mi parte, corrí a esconderme al cuarto para observarle sin ser vista. Y de pronto pasó..., alguien cerró la puerta del cuartucho dejándome atrapada, y yo no pude reaccionar.
………………………..

—¡Marina, Marina...! —escuché aliviada, cuando ya empezaba a pensar que tendría que pasar la noche en aquel cuartucho del cementerio.
—¡Aquí!¡Aquí dentro del cuarto de aperos! —grité al escuchar la voz de mis amigas.
Vi la cara regordeta de Pilar asomándose por la sucia ventana y fue como si hubiera visto a la Virgen.
Al segundo, la puerta se abrió y corrí hacia ella, donde me esperaban las valientes “Afroditas rosas”. Nos abrazamos, entre exclamaciones de alivio.
—¿Cómo sabíais que estaba aquí? ¿Habéis visto al hombre del abrigo y la gorra? Llevaba una pala…
—Cálmate Marina. Todo está resuelto, tenemos mucho que contarte—me dijeron.
            —Cuando llegamos a casa de Isabel y vimos que no nos seguías pensamos que algo había ocurrido—dijo Pilar—así que, íbamos a salir en tu busca cuando oímos hablar a un par de vecinos del barrio, que decían haber visto la puerta del cementerio abierta cuando volvían del trabajo en el autobús de la empresa. Inmediatamente tuvimos la sospecha de que pudieras estar aquí.
            —Yo he corrido más que nunca—dijo aún sofocada Paula
            —Muchas gracias chicas¿Y el hombre del abrigo? —pregunté
            Se miraron azoradas y un poco nerviosas.
            —Está bien, todo ha sido un malentendido—contestó Yoli, un poco preocupada. —Él nos ha dado la llave del cuarto
            Y todas callaron cabizbajas…

IV-MI HISTORIA

      “SuperNancy se había escondido del malvado Profesor Oscuro en el cuarto del cementerio. Le observaba desde hacía días cuando paseaba de incógnito por la ciudad con su abrigo negro y su gorra. Estaba segura de que iba a esconder el tesoro que había robado en el Museo de Historia y no podía permitírselo. Sabía que no tendría posibilidad de vencer al malvado Profesor ella sola. Con sus poderes telepáticos llamó a su grupo de Superheroínas las “Afroditas rosas”, que acudieron volando en su ayuda.
El Profesor se había hecho pasar por un nuevo operario del mantenimiento del cementerio que amontonaba los restos de flores secas que llevaba en un saco. Pero a las “Afroditas rosas” no las engaña nadie.
Entre todas redujeron al malvado, y lo entregaron a las autoridades”


Todas han aplaudido mi historia.
El Sr. Martín, que acaba de llegar para cubrir el puesto de empleado del cementerio ha decidido no interponer demanda contra nosotras, si no volvemos a jugar por allí. Nosotras hemos prometido no volver a molestarle.
Nuestros padres nos han rebajado el castigo, gracias a la intervención de la “sita” Alejandrina que, a pesar de todo, nos ha felicitado por el trabajo en equipo.




                                                           

Comentarios

  1. Soy yo la que quiere seguir leyendo o tus historias son relatos inacabados?
    Gracias por sorprenderme de manera grata, un abrazo.
    Te pediría por favor un libro de esos que dices " espero que me guste desde el principio", para saciar mis ansias de mássssss... intuyo que algún día lo harás.
    Un abrazo sincero.

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  2. Gracias a ti,mi querida compañera.No me gusta cerrar las historias, quiero que mis personajes sigan viviendo sus vidas,por si vuelvo a encontrármelos de nuevo. Quizás algún día formen parte de ese libro ansiado

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