INFLUENCER
Me llamo María y soy un lobo.
Pero no un lobo salvaje y fiero, de esos que vemos en los documentales de la 2.
Soy un lobo por castigo, por desobediencia, por saltarme las reglas... y por eso, tengo miedo.
Soy un lobo un poco cobarde.
Todo comenzó esta mañana al levantarme de mi cama. Noté que mi espalda no podía enderezarse y maldije mi viejo colchón. De este mes no pasa que lo cambie, pensé.
En la oscuridad de mi habitación me dirigí hacia el baño a cuatro patas y noté que mis piernas necesitaban urgentemente pasar por el salón de belleza. Parece que el láser no es tan efectivo como dicen.
Al encender la luz del baño, mi reflejo en el espejo me dejó paralizada. ¿Aquella horrible criatura que me miraba a través del cristal, era yo?
Corrí hacia el mismo y me aseguré de que no estaba siendo un sueño al golpearme en la nariz. Una nariz fría y húmeda.
Unos dientes horribles aparecieron en mi cara al intentar hacer una mueca de dolor, y las lágrimas que intentaban salir de mis oscuros ojos marrones se convirtieron en un aullido feroz.
Entonces pensé que no podría ir a la oficina de esta guisa, ni salir con Alberto al after ; que no podría asistir al brunch familiar que mi madre organizaba desde hacía días.
No pensé en las consecuencias sobre mi persona, pensé más en lo que dejaría de vivir, lo que me perdería de mi antigua vida.
No podría salir con mi grupo de amigas, que me mirarían por encima del hombro y nunca aceptarían en el clan un ser tan poco glamouroso como yo.
Comencé a gimotear.
Después de una vida sacrificada de dietas y gym, tacones inhumanos, tintes de colores y ceras calientes: después de gastarme el sueldo del mes en los trapitos de última moda; después de horas y horas de selfies para mi perfil de instagram y facebook...al final, se cumplió la profecía de mi abuela.
Mil y una vez me lo dijo y nunca quise escuchar.
Ella que fue una mujer sabia, austera y trabajadora, que sacó adelante a su familia después de enviudar y nunca se quitó el luto, me lo advirtió.
Yo solo era una niña y ya me encantaban los espejos. Ejercían una rara influencia sobre mi, una atracción inexplicable. Me miraba en ellos, alisaba mi pelito rubio y con el mismo peine en la mano cantaba las viejas canciones de los setenta. Marisol, Rocío Dúrcal no tenían futuro a mi lado...
Mi abuela se asomaba al cuarto y observándome exclamaba:
<<Las niñas presuntuosas y arrogantes que se miran continuamente al espejo, se convierten en fieras>>
En fín, ¿qué le vamos a hacer? Espero que empiece pronto la nueva temporada de Juego de Tronos, siempre he sido muy fan de la casa Stark
Pero no un lobo salvaje y fiero, de esos que vemos en los documentales de la 2.
Soy un lobo por castigo, por desobediencia, por saltarme las reglas... y por eso, tengo miedo.
Soy un lobo un poco cobarde.
Todo comenzó esta mañana al levantarme de mi cama. Noté que mi espalda no podía enderezarse y maldije mi viejo colchón. De este mes no pasa que lo cambie, pensé.
En la oscuridad de mi habitación me dirigí hacia el baño a cuatro patas y noté que mis piernas necesitaban urgentemente pasar por el salón de belleza. Parece que el láser no es tan efectivo como dicen.
Al encender la luz del baño, mi reflejo en el espejo me dejó paralizada. ¿Aquella horrible criatura que me miraba a través del cristal, era yo?
Corrí hacia el mismo y me aseguré de que no estaba siendo un sueño al golpearme en la nariz. Una nariz fría y húmeda.
Unos dientes horribles aparecieron en mi cara al intentar hacer una mueca de dolor, y las lágrimas que intentaban salir de mis oscuros ojos marrones se convirtieron en un aullido feroz.
Entonces pensé que no podría ir a la oficina de esta guisa, ni salir con Alberto al after ; que no podría asistir al brunch familiar que mi madre organizaba desde hacía días.
No pensé en las consecuencias sobre mi persona, pensé más en lo que dejaría de vivir, lo que me perdería de mi antigua vida.
No podría salir con mi grupo de amigas, que me mirarían por encima del hombro y nunca aceptarían en el clan un ser tan poco glamouroso como yo.
Comencé a gimotear.
Después de una vida sacrificada de dietas y gym, tacones inhumanos, tintes de colores y ceras calientes: después de gastarme el sueldo del mes en los trapitos de última moda; después de horas y horas de selfies para mi perfil de instagram y facebook...al final, se cumplió la profecía de mi abuela.
Mil y una vez me lo dijo y nunca quise escuchar.
Ella que fue una mujer sabia, austera y trabajadora, que sacó adelante a su familia después de enviudar y nunca se quitó el luto, me lo advirtió.
Yo solo era una niña y ya me encantaban los espejos. Ejercían una rara influencia sobre mi, una atracción inexplicable. Me miraba en ellos, alisaba mi pelito rubio y con el mismo peine en la mano cantaba las viejas canciones de los setenta. Marisol, Rocío Dúrcal no tenían futuro a mi lado...
Mi abuela se asomaba al cuarto y observándome exclamaba:
<<Las niñas presuntuosas y arrogantes que se miran continuamente al espejo, se convierten en fieras>>
En fín, ¿qué le vamos a hacer? Espero que empiece pronto la nueva temporada de Juego de Tronos, siempre he sido muy fan de la casa Stark



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